Fascículo 3

Diagnóstico

Es de vital importancia diagnosticar tempranamente la Fibromialgia para poder seleccionar una conducta adecuada y así poner en marcha el tratamiento mas oportuno para ese paciente en particular.

El diagnóstico de Fibromialgia no tiene consecuencias negativas para el paciente ni para el sistema sanitario. Al contrario, produce un doble beneficio dado que por un lado con el diagnóstico ya establecido los pacientes pueden mejorar sus síntomas y acceder a una mejor calidad de vida y en segundo lugar el sistema de salud puede además optimizar la utilización de los recursos y disminuir los gastos.

El diagnóstico es fundamentalmente clínico no existiendo estudios de laboratorio, imágenes o anatomía patológica específicas para la confirmación .
La historia clínica se transforma entonces en el elemento mas importante del proceso de diagnóstico de la Fibromialgia.
Además de ser el único documento válido desde el punto de vista clínico y legal incorpora todos los datos clínicos que tengan relación con la situación actual del paciente, sus antecedentes personales y familiares, sus hábitos, y todo aquello vinculado con su actual patología.
Es también un excelente medio de interrelación ya que nos permite entablar una comunicación mas personal con el paciente ayudándonos a conocerlo en sus diferentes aspectos . Nos ayuda a establecer el diagnostico ya que gracias a esta conocemos el estado general de salud de nuestro paciente y no sirve también para realizar importantes estadísticas sobre patologías, tratamientos, métodos de diagnóstico, etc.
También incluye el proceso evolutivo, tratamiento y recuperación del paciente. (documentos, radiografías, exámenes de laboratorio, procedimientos, hoja de evolución.)

La otra pata fundamental en el proceso es la relación médico-paciente. Como cualquier otra persona, el paciente con Fibromialgia necesita sentirse entendido y comprendido en su proceso de enfermedad. Debe percibir cordialidad y respeto en la entrevista así como una gran empatía de parte del profesional. Si es posible se debe incorporar a la familia en posteriores entrevistas.
Se debe interrogar al paciente sobre la percepción que este tiene sobre la naturaleza de su enfermedad y a que la atribuye. Que sentimientos le produce y cuanta preocupación le provoca. Si interfiere en las actividades de la vida diaria o en su relación laboral.
Es necesario conocer cuales son sus expectativas y que síntomas prioriza, para poder actuar en consecuencia.
Para un mejor manejo es de buena práctica contar con la activa participación del paciente en la toma de decisiones durante todo el proceso médico. El profesional debe de conseguir la aceptación del paciente, avalando los procesos diagnósticos y las diferentes alternativas de tratamiento.
Por supuesto que todo esto debe hacerse en el marco de los recursos reales que se tienen, con el tiempo de entrevista real del profesional y los medios que se encuentran a su alcance.

Para ello incorporará los siguientes elementos: presentación del problema a largo plazo, planificación y organización adecuada de los recursos, trabajo en equipo con las especialidades intervinientes en el diagnóstico y tratamiento, establecimiento de prioridades, objetivos razonables y un correcto uso del tiempo.

Además del interrogatorio y la recolección de datos y antecedentes es muy importante la exploración física detallada y exhaustiva, destacando el examen del aparato locomotor y del sistema nervioso.

Los primeros criterios que se utilizaron para el diagnóstico de la Fibromialgia fueron publicados por la ACR en 1990, con una sensibilidad del 84,4 %y una especificidad del 81%.

Recientemente la ACR propuso nuevos criterios, modificando algunos de los conceptos anteriores especialmente en cuanto al dolor. Se estableció que no son necesarios los exámenes complementarios para corroborar el diagnóstico cuando el paciente presenta algunos de los siguientes síntomas:

  • Historia de dolor generalizado (dolor presente en el lado derecho e izquierdo del cuerpo y por encima y debajo de la cintura, es decir en los cuatro cuadrantes, además del esqueleto axial) con por lo menos tres meses de duración.
    El examen de los puntos sensibles es reemplazado, luego del último consenso de la ACR, por un ¨índice de dolor generalizado¨ (WPI) y por el cálculo de la severidad de los síntomas (SS Score).
  • Los nuevos criterios aparecen en una lista de síntomas que se espera sea mas adecuada para su uso en atención primaria.

  • La segunda parte de la puntuación necesaria para diagnosticar Fibromialgia evalúa sus síntomas específicos en una escala de 0 a 3.

Durante el interrogatorio hay que poner especial énfasis en un síntoma clave, el dolor. Si queremos llegar a un diagnóstico correcto necesitamos evaluar este síntoma cardinal en forma adecuada, considerándolo , por sobre todas las cosas, una experiencia personal, totalmente subjetiva y única para ese individuo, donde es imprescindible tener en cuenta todas sus variables y características.

Para poder tener una idea clara y definitiva sobre el dolor hay que considerar todas sus variables:

  • Fisiológicas: Inicio, localización, irradiación, duración y tipo.
  • Conductuales: Relación entre el tipo e intensidad del dolor con la conducta y comportamiento del paciente.
  • Emocionales: Concomitantes psicológicos como ansiedad, depresión, distimia y temor.
  • Socioculturales: Incluyendo los aspectos demográficos, raciales, ambientales y espirituales.

Si bien se considera que para realizar diagnóstico de la Fibromialgia la presencia de dolor característico es suficiente, es necesario evaluar todos los síntomas que acompañan, especialmente las alteraciones en el sueño, la fatiga y los trastornos cognitivos.

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